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Miércoles, 3 de Junio de 2020     |     Puebla.
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Opinión



El coronavirus “nos vino como anillo al dedo”

Miércoles, Abril 8, 2020 - 22:03
 
 
   

Más clarísima la estupidez y arrogancia de López. ¡Imposible!

Fue esta la estupidez que dijo textualmente AMLO el jueves 2 de abril. Para que nadie pusiera en duda su megapendejada, el huésped del Palacio Nacional decretó que “no nos debe importar lo que hagan en otros países (para combatir el coronavirus), nosotros estamos transformando a México”

Más clarísima la estupidez y arrogancia de López. ¡Imposible!

Solamente un presidente de la república estúpido, pendejo, irresponsable e indiferente, como Andrés Manuel López Obrador, puede vanagloriarse que le cayó “como anillo al dedo” para “afianzar su cuarta transformación” una de las peores epidemias que hasta ahora haya vivido la humanidad, como el coronavirus, que está causando en este momento en el mundo, enormes estragos a la humanidad, al originar, con cifras a las 20 horas, 22 minutos del 8 de abril, el contagio de un millón 513 mil personas y el fallecimiento de 88 mil 444. 

La Cuarta transformación lópezobradorista no es, por lo que se ha visto en los 16 meses transcurridos de su gobierno (¿?), otra cosa, sino un amontonamiento de ocurrencias y decisiones erróneas que para lo único que han servido es para que  López destroce a su albedrío instituciones republicanas que tardaron años en consolidarse y elimine programas sociales cuya funcionalidad estaba comprobada. 

Hace una semana escribí, para este mismo espacio de e-consulta, un artículo titulado AMLO, fecundo manantial de pendejadas. Apenas lo estarían empezando a leer los primeros lectores de e-consulta en las primeras horas de la mañana, cuando nuestro pintoresco y terco López ya había cometido otra de sus múltiples pendejadas. La más grave de las que hasta ahora ha incurrido.

Siendo graves las pendejadas que cometió López al cancelar la construcción del NAIM y la planta industrial Constellation Brands, porque con esas cancelaciones tiró a la basura miles de millones de pesos que se invirtieron en ambas obras de infraestructura; ahuyentó a inversionistas y anuló la creación de miles de empleos, esta pendejada es más grave, aún, porque AMLO desea “afianzar su cuarta transformación” sobre los cadáveres de más de 88 mil 444 personas que hasta hace 15 minutos han fallecido por el Covid-19.

Esto revela la barbarie del presidente de la república y su falta de comprensión a  la desgracia de las personas que perdieron la vida ─y, lamentablemente, continuarán perdiéndola─ a causa de esa pandemia. Las consecuencias políticas de esta estupidez cometida por el presidente de la república aún son imprevisibles e inimaginables. 

Ese infausto jueves 2 de abril, mientras diversos gobernantes de países como Alemania, España, Francia, Italia, Irán y otros, se comprometían a hacer “todo lo necesario” para combatir el coronavirus; o convocaban a la unidad política y ciudadana para hacer frente a “la pandemia (que) no distingue colores e ideas”; en tanto otros advertían, de distintas maneras y en diferentes idiomas, que “estamos en guerra, no contra otra nación, ni contra un ejército, sino en una guerra sanitaria” contra el Covid-19 y otro gobernante prevenía a su pueblo porque “el coronavirus se une a las pandemias mortales que más han azotado a la humanidad, en México, el Presidente de la República ─ese por el que votaron 30 millones 113 mil 483 personas─, Andrés Manuel López Obrador, sin importarle que en el mundo, en ese momento, cerca de millón y medio de personas ya estaban contagiadas por el coronavirus y cerca de 90 mil habían fallecido, cometió la peor de todas sus incontables tonterías y estupideces, al proclamar, con su chillona voz, que con la pandemia del coronavirus, los mexicanos “vamos a salir fortalecidos..., (porque) nos vino como anillo al dedo para afianzar (sic) el propósito de la transformación”.

López Obrador, no se inmutó al demostrar que lo más importante para él es “afianzar” su bodrio de “transformación” de cuarta, que asumir directamente ─aunque sea a destiempo─ el liderazgo en la tarea de combatir científica y eficazmente al coronavirus  y no transferir esa responsabilidad, como ocurrió, a un incondicional suyo, el “doctor” Hugo López Gatell, quien puso en duda su calidad de médico al asegurar, anticientíficamente, que la “fuerza moral” de su jefe López lo hace inmune a los embates del coronavirus.

En tanto ocurre esto, su caricatura poblana, Miguel Barbosa asegura que Covid-19 se cura con mole de guajolote tehuacanero.

Así como al presidente López le cayó “como anillo al dedo” el coronavirus para “afianzar su cuarta transformación”, a cientos de miles de mexicanos y a no pocos de los que votaron por él, nos caería también “como anillo al dedo” que más pronto que aprisa, se vaya a su pueblo de Macuspana para jamás regresar al Palacio Nacional.

La natural e ineludible indignación que provocó López con su cuestionada declaración, no debe terminar con la manifestación de diversos tonos de inconformidad. Se trata de ir al fondo de las cosas para escudriñar su conducta y conocer las causas que originan su anómalo comportamiento.

No obstante la experiencia que debe tener tras más de 25 años de andar en el mundo de la política mexicana, no es capaz de pronunciar un discurso fluido y congruente. Efectúa prolongadas pausas con frases o ideas truncas o inentendibles.   

Con frecuencia afirma una cosa en determinado sentido y poco después dice lo contrario. Sus ideas son fijas, no firmes. Cuando está frente a un micrófono y no encuentra las palabras o ideas idóneas, su mirada se extravía en el horizonte. Mostrando síntomas de anormalidad.  

Denota que requiere ayuda psiquiátrica o por lo menos psicológica.

Por la actitud atípica demostrada, en diversas ocasiones o circunstancias, es recomendable que se someta a un riguroso examen psiquiátrico para saber el estado real en que se encuentran sus facultades mentales.

A ningún país conviene tener un presidente que no cuente con su cerebro en buen estado. Sería catastrófico un presidente a quien no le funcione bien. 

Para evitar males futuros, México debería tomar medidas precautorias en ese aspecto.

Lo primero que se tendría que hacer para que no llegue a ocupar la presidencia de la república un individuo al que no le funcione adecuadamente el cerebro es efectuar una reforma a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos para introducir como requisito imprescindible para ser candidato a la presidencia de la república que el aspirante a la candidatura presidencial, se someta a un riguroso examen psiquiátrico, certificado por un notario público, que demuestre que sus facultades mentales se encuentran en  buen estado.

El referido examen debe efectuarse en un lapso no mayor de cuarenta y cinco días al día en que el aspirante a la candidatura presidencial solicite su registro ante la autoridad electoral.


Semblanza

Raúl Espejel Pérez

Ha colaborado como articulista en la revista Jueves de Excélsior, El Universal de México, El Universal Gráfico, El Universal de Puebla, El Día, Nueva Era de Puebla y la revista Momento de Puebla (versión impresa y digital).

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